

*Imágenes: Alfredo Arévalo Plaza 1
Diego Urdiales firma los pasajes más destacados de la segunda de Otoño en Madrid y recoge dos ovaciones ante una corrida de Alcurrucén.
La lluvia terminó condicionando la segunda cita de la Feria de Otoño en Las Ventas, pero no consiguió borrar los momentos de mayor calidad de una tarde en la que Diego Urdiales volvió a dejar su sello en Madrid.
El riojano fue el torero que encontró mayores cotas de expresión frente a una corrida de Alcurrucén, seria y bien presentada, aunque con un comportamiento desigual y, en líneas generales, falta de la profundidad y la fuerza necesarias para que las faenas alcanzaran mayor vuelo.
Urdiales recibió a sus dos toros con el capote dejando patente una de sus grandes virtudes: la pureza. Sus quites, especialmente las medias verónicas con las que cerró sus intervenciones, levantaron al público de Las Ventas.
El primero de Urdiales tuvo movilidad, pero careció del fondo suficiente para sostener una faena larga. El torero supo aprovechar sus mejores momentos y, después de algunos pasajes de calidad con la mano derecha, encontró la mayor profundidad al natural.
Urdiales se mostró vertical, asentado y con una tauromaquia de gran personalidad. Una serie por el pitón izquierdo, templada y ligada, concentró buena parte de lo más destacado de la faena.
La lluvia comenzó entonces a ganar protagonismo hasta convertirse en el elemento dominante de la tarde. El fuerte aguacero obligó incluso a detener temporalmente el festejo después de la muerte del primer toro.
Reanudada la corrida, Urdiales se fue tras la espada y, después de un primer intento, consiguió enterrar el acero. El público reconoció su labor con una ovación.
El cuarto ofreció al riojano otra oportunidad para mostrar su concepto. Fue un toro de buen embroque, aunque sin demasiada facilidad para seguir hacia delante en las series.
Urdiales tuvo que trabajar la embestida y consiguió reducirla a base de temple, colocación y una muleta muy cerca de los pitones. La faena ganó en calidad cuando logró coser los muletazos y llevar al animal con suavidad.
De nuevo, el torero dejó algunos pasajes de enorme gusto, especialmente por la capacidad para ralentizar las embestidas y construir una faena sin estridencias.
La espada volvió a ser protagonista. Tras un pinchazo, una estocada pasada y el descabello, sonó un aviso. Madrid volvió a reconocer su actuación con otra ovación.
Fortes se enfrentó a un lote que tampoco le permitió desarrollar con continuidad su concepto.
Con el primero de su lote, el malagueño mostró disposición, aunque la faena nunca terminó de adquirir la intensidad necesaria. La suerte suprema se complicó y, después de dos pinchazos y una estocada desprendida, escuchó un aviso antes del silencio del público.
El quinto tuvo más movilidad que ritmo. Fortes buscó soluciones y trató de dar continuidad a su labor, pero las condiciones del animal no terminaron de favorecerle. Tras una media estocada tendida y varios descabellos, volvió a escuchar silencio.
Christian Parejo fue uno de los toreros que más voluntad mostró durante la tarde.
El tercero tuvo mayores posibilidades que otros ejemplares del encierro y el diestro trató de aprovecharlas. La faena, sin embargo, no llegó a alcanzar la dimensión que buscaba.
En uno de los momentos de la actuación, cuando se encontraba colocado a mitad de faena, el toro lo sorprendió y lo prendió de forma aparatosa, aunque afortunadamente sin consecuencias.
Parejo volvió a la cara del animal y, llegado el momento de matar, se volcó con decisión. El toro volvió a prenderlo durante la suerte suprema, pero el torero se repuso y consiguió finalizar su actuación. El público valoró su entrega con una ovación.
El sexto apenas ofreció opciones. Se quedó prácticamente parado y Parejo tuvo que abreviar ante la falta de recorrido. La espada tampoco acompañó y terminó escuchando silencio tras aviso.
La segunda corrida de la Feria de Otoño quedó así marcada por las dificultades del encierro de Alcurrucén y por una climatología especialmente adversa.
En ese escenario, Diego Urdiales fue quien consiguió construir las faenas de mayor contenido artístico de la tarde. Sus dos actuaciones tuvieron como denominador común la naturalidad, el temple y una tauromaquia asentada sobre la pureza.
Las dos ovaciones que recibió en Las Ventas premiaron precisamente esa forma de entender el toreo: sin artificios y buscando siempre la profundidad.
La lluvia puso el contrapunto a una tarde en la que el torero riojano volvió a encontrar en Madrid el reconocimiento a su manera personal de interpretar la tauromaquia.
Madrid. Viernes, 2 de octubre de 2026. Segunda corrida de la Feria de Otoño. Casi lleno.
Toros de Alcurrucén, serios, bien hechos y correctamente presentados. Cuatro ejemplares fueron cinqueños: primero, segundo, cuarto y quinto. En conjunto mostraron nobleza, aunque faltaron mayor bravura, empuje y fondo. El segundo y el tercero ofrecieron un comportamiento más notable; el cuarto tuvo buenas condiciones. El primero acusó escaso fondo, el quinto mostró movilidad sin demasiado ritmo y el sexto terminó quedándose parado.
De nazareno y oro: saludos; saludos tras aviso.
De azul pálido y azabache: silencio tras aviso; silencio.
De azul turquesa y oro: saludos; silencio tras aviso.
El fuerte aguacero obligó a interrumpir temporalmente el festejo después de la lidia del primer toro.
Imágenes: Alfredo Arévalo Plaza 1
Especialistas en comunicación, información y promoción de la tauromaquia.




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